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20minutos.es

I love rock'n'roll: 11/01/2004 - 12/01/2004

I love rock'n'roll

too young to quit, too old to change

lunes, noviembre 29, 2004

Buenos Aires rocks. Y sobretodo en esta época del año, que el calendario se llena de calor, de fechas de recitales de rock, y de amigos que retornan al país por unos días a llenarme de alegría.
El lunes pasado directo desde Los Angeles llegó Matt, y a las pocas horas ya estabamos con él, Piñata, su novia Ines, Ortega, Nacho y yo festejando su llegada en el Porteño, el divino nuevo hotel de Faena en Puerto Madero. Por las maravillas de los amigos gastronómicos no nos cobraron ni los cocktails que bebimos en el bar del hotel espectacularmente diseñado por Philippe Stark, ni la comida de después. Obviamente agradecimos con propinas a todos los camareros que se morian de nervios por toda esta asistencia de tatuados y barmans que eramos. Nosotros ante sus nervios nos moríamos de risa. Y de ahí nos fuimos al Británico, a escuchar rock inglés y a probar cervezas exóticas.
Encarar en martes e ir a almorzar a lo de mi madre con resaca fue una tarea difícil, porque su gran preocupación es que tengo muchos amigos varones y ningún novio. Así que cuando antes de irme un vecino se le acercó a saludarla, y ella le hizo ese comentario a este señor, decidí tomar represarias. Harta del tema, la miré y le dije - ¡Pero cómo mamá!, ¿no le contaste a los vecinos que soy lesbiana? -. Mi madre se apuró y dijo - No, no, es una broma, no es lesbiana, es una broma-. Obvio que era una broma, y muy efectiva, porque por unos días Carmencita no tocó el tema de porque no tengo novio. Thanx God!.
El jueves Matt festejaba Thanksgiving (día de acción de gracias). Entonces nos cocinó un pavo y nos invitó a una cena en su ex bar, Mundo Bizarro. Ahi estabamos junto a Matt su hijito Stanley y un lindo grupo de amigos, escuchando Johnny Cash, hablando de motos y festejando Thanksgiving. Agradecimos por los amigos, las familias, y por estar todos juntos. Matt dijo ustedes son mi familia, y yo sentí que era así, todos tatuados, todos raros, pero nos teníamos los unos a los otros, como una extraña y maravillosa familia.
Y llegó el fin de semana, y después de ir al cumpleaños de mi amiga Cabeza, me esperaba una fiesta de Swing y Rockabilly en donde Tocaba Luna and the Lunatics. Y ahí fuimos con Piñata (que pasaba música rockabilly, obvio), con mi amigo Fer recien llegado de Barcelona y con Matt. Y ahí estaban todos los demás amigos con jopos y patillas. La banda de Luna sonó impecable, y ella tiene una voz tan increíble que no podés dejar de aplaudirla. Más tarde con ella y Carol en el baño de chicas ya planeabamos un laburo juntas.
Al rato, en el medio de la gente, me pareció verlo a Martín del Camino, un viejo amigo rockabilly que partió hacia Los Angeles hace 10 años donde es un tatuador increíble, que labura junto a Dan Collins. Ý cuando me sonrió corrí a saludarlo. Seguía espléndido, igual que hace 10 años, cuando con las chicas lo volvíamos loco a su hermano Matías para que nos presentara a este rockabilly que manejaba un Triumph 52 y que todas moríamos por él. No me despegué de Martín en toda la noche, y mientra nos poníamos al día y nos contabamos todo, el rockabilly seguía sonando atrás nuestro.
Y cuando él me acompañó a casa juro que me volví a sentir de 18 como cuando lo miraba pasar junto a Flavio, el cantante de los Casanovas, y suspiraba. Pero habían pasado 10 años y ya eramos amigos, a veces hay ciertas fantasías que son mejor guardarlas.
Al día siguiente nos esperaba una tarde de mucho más rock. Cerca del río un amigo había organizado un show con 6 bandas rockabillies y surf. Cuando Piñata me tocó el timbre a las 2 de la tarde, yo estaba todavía medio dormida y luchando con mi flequillo que no queria peinarse. Pero terminé de alistarme y fuimos con él y Gino aver el show.
Llegamos y al rato el lugar se empezó a llenar patillas y jopos engrasados bajo el sol. Un espectáculo rarísimo. Sobretodo porque también había niños, claro mis amigos se reprodujeron El Mono y Luna tuvieron a Luista, Carol y Sol Rac a Astor y Phonzy y Adriana a Matías. Pero como dice Piñata, el rock y los niños no se llevan bien. Aunque debo reconocer que verlo al Hernan "El Perro", con su 1.90 de look rockero, envuelto en la chaqueta de cuero de su club de motociclistas, sosteniendo al precioso Matías de apenas 9 meses te conmovía. Ver a este chico duro con un bebé, ufff, difícil de pilotear y que no se te moviera algo adentro. Igual se me pasó rápido la emoción.
Todas las bandas sonaron bien, y recordé por qué las melodías de Radio Texas me gustaban tanto. Los Kahunas tocaron un surf intro poderosísimo, y los Broken Toys pusieron tanta energía que lograron el mejor pogo de la ya noche. Tan bueno fue ese show que el Perro me miró y me dijo - abuela, vamos al pogo a acordarnos cuando éramos salvajes -. No dejá, dije, y lo miré a mi lado, y sentí que ya no necesitabamos estar en el pogo para demostrar que eramos salvajes.

lunes, noviembre 22, 2004

Nunca me gustó demasiado Guns'n'Roses, pero por extraños motivos del destino yo estaba en la lista de invitados de Gilby Clarke en El Teatro, el domingo a la noche en Buenos Aires.
Fui sin ganas al recital, debo reconocerlo, y cuando me confirmaron en la boletería que no tenia que pagar los 35 pesos de la entrada, me di vuelta, la miré a Mikiko y le dije - nena, entrá conmigo, it's for free -. La invitación corría por cuenta de Chuck, manager del ex guitarrista de los Guns que yo había conocido una semana atrás en Los Angeles.
El show estuvo bastante bien, Gilby lucía bastante guapo con su camisa abierta rockeando con su guitarra Les Paul, aunque el show se lo robó el otro guitarrista (era Tracii Guns ex L.A. Guns???). Mikiko toda entusiasmada hasta se recordó varios años atrás pidiéndole a Papa Noel que le traiga el cassette de los Guns and Roses, que encanto. También fue muy divertida la aparición de Pappo, que junto al guitarrista y Gilby hicieron un trío increíble de Ginson Les Pauls para caerse de culo durante "Knocking on heaven's doors", y ahí la monada estalló, ponele.
Después del show me dispuse a saludar a Chuck y agradecerle la invitación, pero fue una pesadilla llegar a los camarines. Estar entre las groupies y los fans, y que me confundieran con cualquiera de las dos opciones me revolvía el estómago. Finalmente Chuck nos hizo pasar, pero claro, un argento 100 % nos dijo, acá mando yo, no Chuck, y nos mandó a volar, todo un horror. Así que lo esperamos a Chuck, lejos de la animalada argentina, hasta que el baterista de la banda de Gilby nos vino a buscar y nos llevó hasta Chuck, y después de saludarlo, finalmente le agradecí, y le dije que me había divertido en mi más amable y perfecto inglés. Claro que cuando uno de los de seguridad se acercó a Chuck y le dijo - che boludo, la camioneta está llena de minas, los músicos no van a entrar - y Chuck respondió - uh que cagada man - en un perfecto español, me sentí medio descolocada, es que me había olvidado que Chuck antes de vivir en la soleada California, había nacido en Cuba, ups!. Entonces Chuck me preguntó si era verdad que Charlie (mi ex chico de Los Angeles y su compañero de oficina) venía para acá...y yo no supe que contestarle, - espero -, apenas murmuré.
Y cuando me disponía a decirle chau a Chuck la gente nos rodeó y ya no pude decirle nada más, entonces me dispuse a salir, mientras que el baterista me decía - chicas vienen con la banda, no? -. - No, gracias, nos tenemos que ir -, le dije con mi mejor sonrisa, creo, y salimos del lugar, mientras atrás nuestro la gente gritaba enardecida y les sacaba fotos a los músicos sin parar.
Esperamos en Lacroze como 20 minutos para tomarnos un taxi, porque estaban todos ocupados con fans que iban a seguir en caravana a Gilby Clarke y a sus chicos a donde fueran, y si se iban al fin del mundo, los iban a seguir igual, estoy segura.
Nuestro taxi fue para Mundo Bizarro, en donde bebimos unas cuantas cervezas, y nos acordamos riéndonos de esta noche tan extraña, tan lejos de Los Angeles, y tan llena de rock.

sábado, noviembre 13, 2004

Había mentido, prometido cosas en el trabajo que no iba a cumplir, me había subido a un avión, volado 15 mil kilómetros para llegar a Los Angeles, y todo ésto solo para volver a ver a alguien, para saber si una historia de amor que había empezado con un chico hace 7 años, ésta vez iba a tener un final feliz...pero como siempre...las cosas son más complicadas de lo que parecen.
Ya al llegar a Ezeiza, divinamente custodiada por Marcelo, piercer de Lucky Seven y luciendo cada vez más parecido a Rob Zombie, y por Johnny, que con su campera de cuero, sus pelos parados y sus Ray Ban clavados todo el tiempo no hacia más que poner nerviosos a los de United Airlines, me enteré que mi vuelo estaba cuatro horas retrasado. Fuck!. Entonces mis amigos me hicieron el aguante, varias cervezas de por medio, hasta que partí a la USA. Cambio de avion mediante y dieciocho horas después el avión empezó a aterrizar en Los Angeles. Cuando me paré a bajar mi equipaje de mano alguien se ofreció a ayudarme, cuando me doy vuelta para agradecerle era una espléndida imitación de Elvis el que me decia - no problem sweetheart -. Yo sonreí, claro, en donde más alguien igual a Elvis te va a bajar la valija, solo en Los Angeles.
Al rato, después de hacer el check in en un increíble hotel que pagaba Warner Bros., me paré en el balcón de mi cuarto en el psio 24, encendí un cigarrillo, y mientras miraba esa ciudad que amo hasta los huesos increíblemente me dije - ¿Qué mierda estoy haciendo aca? -. Pero bueno, ya había viajado 15 mil kilómetros y me había metido en problemas, talvez necesitaba mirar Los Angeles una vez más para dejar el pasado atrás.
Al rato me pasó a buscar mi amigo Matt, rockero como pocos, conductor de una Harley Chopper customizada para morirse y ex dueño del bar Mundo Bizarro, y me acompañó a ver la película por la que tenía que hacer las notas al día siguiente. A la vuelta de la peli tomamos unos cocktails y salimos a fumar a la vereda, por supuesto, y después de desearme suerte Matt se fue.
Esa noche no me podía dormir, había llegado a Los Angeles sólo para ver a esta persona, a Charlie, para ver sus increíbles ojos azules, sus infinitos tatuajes, para recordar porque casi me quedo a vivir allá hace 7 años o él casi se iba a venir a vivir a Buenos Aires, y sin embargo después de 12 horas de haberme bajado del avión no lo había llamado para avisarle que estaba en Los Angeles, tenía pánico de verlo...pero el cansancio pudo más y finalmente me dormí.
A la mañana siguiente hice las notas tranquila, pero cuando lo tuve enfrente a Val Kilmer me taré, no importa cuan profesional yo pueda ser, cuando Val Kilmer me mostro en su cámara digital la foto del hijo y me preguntó que me parecía ese niñito rubio, literalmente me taré. En vez de hablar de eso, le dije - que lindo nene, pero hablemos de la peli -, quebrando por completo el clima de la nota. Fuck!, tenía enfrente a uno de mis actores favoritos y estaba arruinándolo todo, y mientras todo empeoraba y mientras miraba los maravillosos ojos azules del que alguna vez se puso en la piel de Jim Morrison, yo solo pensaba en que talvez mi problema con los hombres era ese, yo no sabía escuchar. Entonces cuando Val Kilmer me dio la mano y me agradeció con una sonrisa forzada supe que esa había sido la peor nota de mi vida, nada podía ser peor.
Subí a mi habitación y lo llamé a mi amigo R. a Buenos Aires para que me consolara, él sabe hacerme reir como nadie más en el planeta, y me hizo sentir mejor. Pero aún así, yo sentía que las cosas podían empeorar...y empeoraron. Al rato sonó el teléfono y del otro lado la voz de Charlie me decía que estaba saliendo para mi hotel y no tuve las pelotas de decirle - no, mirá, no nos veamos - solo le dije que tenia que ir a Hollywood a ver a Matt esa noche, que ibamos a ver un recital de The Knives, que si quería que venga con nosotros. Corté el teléfono y puse la radio. En la 103.1 hablaba Mick Jones, mi adorado guitarrista de los Clash y actual conductor de la radio, que presentaba una canción de Ian Dury, y recién ahí me sentí contenta en L.A. Entonces bajé 24 pisos, me tomé un taxi y me fui para Sunset Blvd. Caminé un rato por el Strip y me compré unos discos para mí y para Pablito Piñata, después entré en el Rainbow Bar, me pedí una New Castle y la tomé mientras escuchaba a dos músicos que esa noche tocaban en el Roxy quejarse de Eminem que cantaba esa noche ahí. Terminé mi cerveza y me volví al hotel.
Cuando al rato Charlie tocó la puerta de mi habitación y lo vi todo se me mezcló. El estaba ahí, sonriendo, hermoso como siempre, con su campera de cuero y sus tatuajes, su pelo engominado hacia atrás como Mike Ness pero rubio, listo para darme un abrazo. Pero cuando me dijo - Hi baby - y me abrazó sentí que no podía volver atrás siete años, que no podía de nuevo regresar a casa con el corazón roto. Yo era oficialmente una pelotuda, y que aunque estabamos en Los Angeles esto no era una película, ésto era mi vida y era un desastre. Yo no debería haberlo hecho manejar 20 kilómetros desde Hollywood para decirle que no ibamos a pasar la noche juntos, que hija de puta. Y cuando se lo dije, cuando le dije que yo nunca le había dicho que ibamos a pasar la noche juntos, (y eso era verdad), y mientras agarraba mi equipaje para dejar el hotel un día antes, Charlie me miró serio, y aunque seguro estaría pensando todas las formas posibles de decirme que yo era una perra histérica y que merecía lo peor, me acompañó a hacer el check out, me llevó hasta lo de Matt y vino con nosotros a ver el recital.
Y en el medio de la noche, mientras veía entusiasmada a varios musicos que yo suelo escuchar en cd en Buenos Aires en la audiencia, y mientras mirabamos a todas estas nuevas bandas de rock de L.A., decidí decirle la verdad, que yo había estado tan enamorada de él hace siete años que cuando finalmente no pudimos estar juntos pensé que me moría, y que no podía pasar de nuevo por eso. Charlie, mientras apoyaba su cerveza en la mesa me dijo, - deberías habermelo dicho hace siete años -. Y claro, es verdad. A lo mejor yo que siempre creí que me animaba a todo había terminado siendo una cobarde, la más cobarde de todas, o a lo mejor el instinto de preservación pudo más que yo, no lo se, pero esa noche me despedí de Charlie, prometiéndole que almorzabamos al otro día, y me fui a dormir a la casa de mi amigo, a salvo.
Al mediodía siguiente caminé diez cuadras por la apestosa Hollywood Blvd., doblé en Highland y fui a buscar a Charlie a su oficina en donde musicos de rock y tipos de la cadena de música VH1 entraban y salían sin parar. Finalmente nos fuimos. Mientras almorzabamos le dije que yo me sentía una estúpida con lo que había hecho y él me dijo que lo entendía, y quedamos en vernos esa noche en un bar de música rockabilly cuando él terminara de ensayar con su banda, Custom Made Scare. Yo sabía que no iba a ir, se lo vi en la miraba, pero prentendí creerle.
Al salir del lugar, nos paramos en el estacionamiento a fumar, y bajo el cálido sol califoniano él me abrazó fuerte, puso su mano en mi nuca, me tiró contra su pecho y después me levantó la cara y me besó. Yo lo miré y le dije que lo odiaba, y él me dijo que lo sabía y sonrió. Nos despedimos y empezamos a caminar para lados opuestos, y cuando me di vuelta para verlo irse él estaba mirándome, entonces le tiré un beso y él hizo lo mismo. Seguí caminando por Highland y pasé por la puerta del Power House Bar, a donde ibamos con él, años atrás a tomar cocktails y besarnos hasta el cansacio. Saqué mi cámara para sacarle una foto al lugar, y cuando hago foco veo que Charlie está en la otra esquina, mirándome. No pude sacar la foto, bajé la camara y me quedé viéndolo a lo lejos. Los dos nos quedamos parados, quietos, mirándonos, sin hacer nada. Entonces sonreí y supe que era tiempo de darme vuelta y seguir caminando.
Cuando doblé de vuelta por Hollywood Blvd. vi a la espléndida imitación de Elvis Presley que me había ayudado con la valija en el avión. Pensé en saludarlo, pero no lo hice, después de todo, Elvis estaba muerto, y él era otra imitación más, buscando algo que se había terminado hacía muchos años.

domingo, noviembre 07, 2004

El Personal Fest, festival de rock que tuvo lugar en la gélida Buenos Aires, estuvo signado por las divas. Los Pet Shop Boys, Morrisey y la más diva y reina de todas: Debbie Harry al frente de Blondie. Todo lo demás del festival me aburrió hasta el cansancio, o ni me llamó la atención.
El viernes después de confirmar que Mars Volta es apestosamente parecido a Led Zeppelin y de indignarme viendo a un rocker dejar su botellita de agua impecable, junto a su impecable toalla blanca doblada y sin usar, y de luego ver demasiado desparramo de actitud rockera de P J Harvey, fui y dancé como loca con Pet Shop Boys en compañía de Cabeza y mi amigo Jose. Los ingleses fueron todo esa noche, me hicieron bailar y sentir que me leían la mente..."It's a sin, everything I've ever done, everything I ever do, every place I've ever been, everywhere I'm going to, it's a sin". Con Cabeza dijimos, - que buen chow nena - y nos fuimos contentas, ella a lo de San y yo a Mundo Bizarro.
El sábado, segundo día de festival, todo era excitación.
Mientras llegaba al recital no podía dejar de pensar que estaba yendo a ver Blondie, la misma banda que me inspiró, la misma que admiré desde siempre por su actitud y su música. Y ahí estabamos, en el medio de la gente como adolescentes mis amigos Sol Rac, Carol, Cabeza y yo, esperando ver salir a la rubia mas rockera de todas. Y de repente ahí estaba ella, cantando y luciendo maravillosamente, y moviéndose rabiosa como si no hubieran pasado casi treinta años de su época punk rock en el CBGB de New York. En un momento con Cabeza nos miramos y dijimos, - boluda, es Debbie Harry, acá - y nos emocionamos hasta las lágrimas.
Y en el medio de tanta felicidad de repente, parado al lado de Cabeza aparece un chico, "él" chico que miro y me lo cruzo en bares y fiestas hace seis años. No se su nombre, solo se que es músico, creo que bajista, y su apellido es Golfard, lo cual me hace mucha gracias porque él es muy parecido a un amigo mío de apellido Golbart...en fin, ahí estaba él con toda su esplenditud. Intercambió un par de opiniones sobre la perfección de la base rítmica de la banda con mi amigo Sol Rac, y luego partió, llevándose una vez más mis ganas de conocerlo...lo miré irse mientras cantaba junto a la diosa Harry "One way or another, I'm gonna find ya. I'm gonna getcha, getcha, getcha, getcha. One way or another, I'm gonna win ya. I'll getcha, I'll getcha."
Después nos encontramos con los chicos de los Tormentos y no paramos de hablar de como la blonda Debbie Harry, con casi sesenta años, nos había dado a todos una lección de rock.
El frío aumentaba mientras empezaba a sonar Morrisey, con una banda menos rockabilly que la última vez que vino pero cantando de manera soberbia, ponele, y con un glamour y una actitud digna de un rock star.
Y mientras miraba cantar a Morrisey, un sudor frío me recorrío, y no tenía que ver con la baja temperatura del lugar, sino que, en el medio de esas miles de personas, seguramente estaba un fan del ex cantante de los Smiths al cual yo le rompí el corazón hace un tiempo y, profundamente hubiera querido volver a pedirle perdón, acompañada de la voz exquisita de Morrisey. Paradójicamente, al rato, alguien que me había tratado no muy bien hace unos meses lo reconoció y me pidió perdón sinceramente, y yo acepté sus disculpas tardías.
Talvez todo se trate acerca de perdonar, pensé, y porsupuesto de dejar el pasado atrás y seguir adelante, sobretodo en una noche donde el rock, una vez más, me llenó de furia y alegría el corazón.

viernes, noviembre 05, 2004

Era un tipo flaquito, huesudo, de ojos azules intensos y tan violentos como él, un mortal al que su voz le dio inmortalidad.
El cantaba y desparramaba magia, y cautivó al mundo con un hechizo que siguió durando años...décadas...
Los tipos duros le tenían miedo, y los más cancheros solo querían ser como él, como ese italianito pendenciero que cuando cantaba lograba que a todos se les estremeciera el pecho de emoción.
No rogaba, era el jefe, sabía que hacer, y defendía a sus amigos, fueran lo que fueran, ya que para él eran sus amigos y eso era suficiente para nunca dejarlos de lado ni traicionarlos.
Y este flacucho que tomaba Jack Daniels como agua, y que nisiquiera terminó el secundario, me enseñó que el talento hace que puedas sobrellevar cualquier adversidad, por más mal que te las veas, si tenés talento y pelotas, lo vas a lograr, él lo demostró.
Era un rebelde, un inconformista, un demonio con una voz asombrosa, y aunque, paradójicamente odiaba el rock'n'roll, tenía la actitud más rocker y arrogante que hubo en este maldito planeta.
Rompió todas las reglas, y más vale que no lo jodieras porque te quebraba las rodillas, así de simple. Salío con las mujeres que quizo, las amó, las dejó, y nunca... nunca olvidó a una que le rompió el corazón.
Todo se le fue permitido y se le fue cobrado a cambio, así conoció lo que se siente cuando todo está en tu contra. Pero sus amigos leales lo ayudaron y volvió a ser el rey, para nunca más bajarse de ese trono.
Y se convirtió en inmortal porque todos se lo pidieron, porque gracias a él y a su voz única y milagrosa, el mundo fue un lugar menos espantoso y sucio.
Algunos lo llamaban "la voz", "blue eyes", o simplemente Frank.
Para mí siempre fue Sinatra, esa voz increíble que mi papá me hacía escuchar de chica mientras me enseñaba - presta atención a la voz de Sinatra, te llega hasta el alma- me decía mi viejo.
Y tenía razón, porque Sinatra desde siempre, es el único que logra calmarme el alma.