Hoy fue mi último día en el viejo Mundo Bizarro de la calle Guatemala.
9 años de mi vida que se terminaron.
Soy pésima para las despedidas, siempre lo seré.
Sólo se que me acerqué a la barra, a pedir un tema de los Clash, para retirame acompañada, nunca es bueno irse sola, por eso pedí un tema en el que la voz de Joe Strummer camine conmigo, que me ayude a atravezar esa puerta por última vez.
Mientras estaba arrancando un pedazo de pared, literalmente mientras sacaba un pedazo de yeso con pintura roja, comencé a escuchar los primeros acordes de London Calling y tomé fuerza para pararme, era hora de irme.
Abracé a mi amigo Joe, mi amigo de la infancia que por casualidad pasó y tomó algo en mi última noche en el bar, y me dirigí a la barra a dar mi último saludo.
Geraldo me agarró la mano fuerte y nos miramos sin decir nada, como hace uno cuando no puede decir todo lo que siente. Después lo saludé a Eleazar, que me recriminó que no fuera a ir en la noche de la despedida. No soy buena para eso, le repetí hasta el cansancio, mientras miré por última vez las paredes rojas que me cobijaron tantos años.
Crucé la puerta y todavía sonaban los Clash.
Una vez más mi vida parecía guionada, pero no, solo faltaba mi amigo Piñata, que no estaba.
Solo faltaba Piñata que me diera el abrazo de despedida, el abrazo que me hiciera sentir que aunque este final no va a tener una continuación, todo lo que vivimos dentro de Mundo Bizarro nunca se va a perder, no mientras sigamos sonriendo juntos.
Hasta la vista, viejo Mundo Bizarro.
Hasta la vista, baby.



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