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I love rock'n'roll

I love rock'n'roll

too young to quit, too old to change

lunes, marzo 26, 2007

Tenía 17. No miento, tenía 18 años la primera vez que lo vi tocar y cantar a Phonzy.
Yo venía escuchando rockabilly en la soledad de mi cuarto repleto de posters de Stray Cats y Elvis, y recuerdo que esa noche, conocerlos a Phonzy y a los demás, me hizo sentir menos sola.
Por ese entonces la escena rockabilly casi no existía y caminar por Buenos Aires junto a ellos, con sus jopos perfectos y enfundados en sus camperas de cuero, era lo más divertido que me pudo pasar.
Al poco tiempo vi como se formaron Los Primitivos.
Recuerdo los cambios de guitarristas de la banda, primero estuvo el Mono, después Billy, Fernando y, a mediados de los noventa, Tillo.
Esta fue la época que más cerca estuve de Los Primitivos. Íbamos de un lado a otro, todos en la coupé Mercury roja de Tillo, con la música aullándonos en los oídos.
Los Primitivos sonaban más poderosos que nunca, y yo, juro que jamás me perdía un show.
Éramos tan felices que no podíamos creerlo.
Nos sentíamos invencibles, pero la muerte de Tillo nos demostró lo contrario.
Pasaron muchas cosas desde aquel verano hasta este, en que hoy, diez años después en Unione e Benevolenza, vuelvo a ver en vivo a Los Primitivos, y la verdad que me gusta dejar la tristeza atrás y estar acá.
Me gusta volver a ver slapeando a mi viejo amigo Phonzy, que se abraza a ese contrabajo con tanta furia que se me llenan los ojos de lágrimas de la emoción.
Y los veo sonreír a él y a Leandro, cómplices como siempre, y cierro los ojos y siento que lo veo a Tillo, enfundado en sus botas, tocando feliz junto a ellos, pero los abro y veo al Uru, que para mi sorpresa, valientemente saca de su guitarra unos acordes que seguramente Tillo hubiera aceptado contento.
Y ahí estoy, tarareando “Rockeando sin tu amor” diez años después, y me sigue pareciendo una canción increíble.
Mi gran amigo Piñata, parado a mi lado me pregunta: “¿que buen show, no?”, yo asiento con la cabeza, y no le miento.
Me dan ganas de fumar y encaro hacia la escalera.
Mientras subo escucho que comienza “Chicas, whisky y rock and roll”, un clásico de Los Primitivos, uno de mis favoritos. Se que no necesito escucharla para darme cuenta que me va a gustar, porque sin saberlo, esta noche tengo más de lo que había venido a buscar.
Prendo el cigarrillo y sonrío, porque en una noche húmeda de Buenos Aires, Los Primitivos me hicieron sentir que algunas cosas si son invencibles, lo que no es poco, mis amigos